¡NO SIEMPRE EL ARTE MÁS BELLO ES EL MÁS EFECTIVO!
Después de un desastroso inicio de temporada, un juego horrible, actitud olvidada y una vergüenza aclamadora dentro del campo, llegaba la segunda jornada de liga. No había sido una semana fácil, no solo en lo que al equipo, en el sentido grupal, se refiere, sino que individualmente no habíamos podido digerir esa derrota, 8 goles a 0 ante nuestro máximo rival. En los entrenamientos intentamos ayudarnos mutuamente, pero no fue fácil; psicológicamente estábamos muy tocados, empezando por el portero, que no veía ante sus múltiples fallos de la semana anterior (múltiples fallos suyos y de todo el equipo) un motivo para continuar adelante con la mismo alegría y felicidad de siempre.
Personalmente yo estaba muy mal, fue mi primera semana en la universidad y esa emoción de la novedad me hizo desconectar de todo lo demás, pero en los ratos libres en casa y en los entrenamientos de la semana estaba realmente hundido. Fue la desolación de un compañero, el portero, la que me hizo ver que así no íbamos a sacar nada de provecho y por eso no di mi brazo a torcer hasta hacerle ver que no había sido más que un pequeño bache y que no se repetiría más, aún sin yo estar convencido de ello.
Al día siguiente por fin llegó el partido. Nuestras referencias sobre ese equipo, la Lourdes, no eran de un equipo excesivamente bueno, pero sí de guerreros y eso nos preocupaba ante la posibilidad de saltar al campo tan mermados como en la primera jornada de liga.
El partido fue fácil para nosotros, en poco tiempo nos encontramos con tres goles de cara y el partido resuelto, pero con un fútbol realmente penoso, penoso en comparación con todo lo que hemos demostrado cuando hemos querido, el balonazo al delantero fue la base de nuestro juego, no el último recurso que hemos utilizado en contadas ocasiones y ante presiones del equipo contrario muy avanzadas. Todo balón que llegó a nuestros pies fue lanzado con dureza y brusquedad alejándolo de nuestra portería. Posiblemente fue el temor a la derrota con el que cargábamos todos por lo ocurrido siete días antes, pero estaba claro que el partido fue nefasto por ambas partes (qué decir de ellos que encajaron un abultado 7-1).
De mi partido personal destacaré lo difícil que me fue aguantar el tipo durante los 45 primeros minutos de juego sin salirme del partido y acabar haciendo una grave imprudencia, pero aguanté: mi marcador, o el jugador que debía marcar yo (depende como se mire), se pasó los primeros 15 minutos de partido golpeándome bien fuerte ante cada balón dividido y la media hora siguiente buscándome las cosquillas con miles y miles de insultos (me quedé sin familia a la que mentar); mi reacción, celebrar una gran victoria sacando a relucir toda mi rabia acumulada entre esos dos últimos partidos y demostrándole que Dios (si existe y es tal y como lo pintan) prima a la inteligencia y honradez antes que a la gente con doble rasero, o con uno solo, pero bien malicioso.
En definitiva y dejando por banda mi "no altercado" personal, a pesar de jugar un fútbol poco vistoso, nuestros balonazos arriba fueron los causantes de 7 grandes goles, por tanto ¡NO SIEMPRE EL ARTE MÁS BELLO ES EL MÁS EFECTIVO!
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